Dolor crónico y vida real

Xandro Ballesteros

Tenía pensado hablaros sobre ciclos vitales, eclipses y aprovechar esta lunación, pero en el día de hoy, más que como Psycodinámico, educador social y terapeuta, voy a hablaros como Xandro, personita.

Detrás de cada perfil de insta se esconde una persona, con una historia, una vida imposible de apreciar o conocer mediante el distante feed. Solo vemos aire sosteniendo una máscara y nuestro ánima es agua. Las personitas somos agua, tenemos emociones, sentimos. A veces demasiado y a veces demasiado poco, pero es algo que fácilmente podemos olvidar, acordes al espíritu de la época actual, en el que cada vez más estamos conectados, sí, ¿pero de qué manera?

Conocemos lo que el otro desea mostrarnos de él y de una manera muy concreta. ¿Mi contenido, mi marca, realmente soy yo? Obviamente no es todo lo que soy, pero, en mi caso al menos, todo lo que os enseño es auténtico, sin filtros, y supongo que es parte de lo que os gusta y por eso estáis aquí.

Hoy acudo a vosotros desde un lugar más acuoso, desnudo y vulnerable, como cualquier personita que somos en nuestros días bajos. Desde el dolor.

Os pido disculpas de antemano porque voy a escribir sin ningún tipo de filtro de lenguaje y en escritura casi automática.

Esta semana, desde su inicio, está siendo muy movida. Llevo prácticamente 16 días, al envío de esto, sin descanso de un dolor muy intenso relativo a la hemicránea continua que padezco, oscilando entre un 6 y un 9. Además de dolor continuo, me produce síntomas neurológicos e intestinales variados que son la fiesta.

Es jodido levantarte con dolor, acostarte con dolor y saber que lo primero que vas a sentir al abrir los ojos es puto dolor. Te acostumbras y haces callo, tratas de poner tu mejor actitud y sonrisa, pero todo tiene un límite. Hoy tocaba rendirse.

Me permito derrumbarme y aceptar que el dolor ha vuelto y que, hasta la próxima cita con el neurólogo, no va a cesar.

¡Estoy un poco hasta la polla, gente!

Sí, estoy de mala hostia, no descanso, me levanto empapado en sudor, sé que la cabeza no me funciona con claridad y me cuesta horrores ubicarme en relación a mis iguales. Es curiosa la percepción de la realidad cuando nuestro cuerpo nos falla... aunque sepa que exteriormente no ha cambiado nada.

Mis clientes están en buenas manos, mis alumnos no reciben mala formación, mi gata está bien cuidada, merezco cariño... Sin embargo, me aíslo y dudo de todo: de mi trabajo, de mi valía, incluso para con mis cercanos.

Los días como hoy me resultan complejos, me cuesta hablar y relacionarme. Cuando el dolor baja a una intensidad soportable, me hallo fuera de sitio; tardo bastante en volver a mi centro y a interactuar con normalidad con mi entorno. Es como si te hubieran torturado durante días y, de repente, todo para...

Y creedme que ni el mundo ni las personas que lo habitan se paran. Todo sigue su ritmo y al mundo le da igual que te quedes descolgado un tiempo. Hay facturas que pagar, trabajo que hacer y una vida que vivir, y el único que frena es tu cuerpo.

Cuando el pico de dolor es alto, me cuesta verbalizar, digo muchas incoherencias, me río de todo demasiado (lo uranizo) y no sé expresar lo que quiero, porque lo que quiero supongo que es imposible... y al final, quizás solo necesito unas risas o un abrazo. La cucharita con la persona indicada ayuda a sanar todo, jajaja; una caricia o una mirada de comprensión... tacto, afecto.

Y muchas veces lo que provoco es un: “¿te pasa algo? Estás muy pesado”, “Xandro, estás raro, tío”, “¡¡cómo estamos hoy, eh!! Relaja”.

El de mi viejo es el mejor: “Alejandro, estás dando la nota, compórtate”.

No, papá, no... solo me duele tela y no sé qué cojones hacer.

Soy plenamente consciente de mi “joooo, hazme casito, que duele”, bastante infantil (Sol/Luna/Ceres/Eris | Aries | 5), y mi incapacidad en dichos momentos para hacerme cargo de él o expresarlo de una forma no lunar.

No quiero nada y lo quiero todo (que cese el dolor... ¿?). Sí, un stellium en Aries que quiere compañía, que lo toquen y le digan: “No hay fallo, estate así, solo sé”, aunque un “¿¿killo, vamos a quemar el mundo?? no te preocupes” también ayuda a veces.

La (mala) experiencia y mi Escorpio, que se queda con lo que quiere, me han hecho creer que mi dolor, mi síntoma, molesta y seguramente en muchas ocasiones coloque al otro ahí de antemano.

Tengo también gente que, por fortuna, me lo confronta asiduamente y, en sus posibilidades y las mías, nos acompañamos. Gracias a ello, esa creencia poco a poco se va desmoronando.

La tecnología tanto nos une como nos separa. Hay personas que no sabrán gestionar estas situaciones por más que te quieran, algunas desaparecerán, habrá otras a las que sí les molestará tu síntoma y habrá quien acoja como nos hace falta, algo muy personal y singular.

Valorad a esas personas que os acogen como necesitáis (no como ellas quieren) cuando el Otro os dice que no sois merecedores de ello. Seguro que os ha pasado bajo otras circunstancias.

Vuestro cuerpo y mente finalmente dejan de luchar; bien por aceptación de la situación o bien por impotencia, o por las dos, ¿quién sabe? Nada externo ha cambiado, pero nosotros sí. La lente con la que estamos enfocando nuestra realidad está sucia y nos sumimos en un limbo en el que ni estás en ti ni estás con el Otro.

No soy peor profesional (aunque en esos instantes surge la duda), solo que en X momento no puedo atender a nadie, y nuestra naturaleza humana, a la que le encanta fijar las cosas en el tiempo, hace una extrapolación en 4D.

No tengo Saturno pa mí ahora. Voy a tenerlo pa otra persona...

Solo existe el presente: el pasado ya se fue mientras lees estas líneas y el futuro nunca llega del todo.

No toméis decisiones definitivas para situaciones transitorias, porfa. Sobre todo en momentos de fuerte estrés.

Los terapeutas, psicólogos, educadores... también nos quebramos como cualquiera, también somos humanos. Las herramientas y conocimientos que poseemos, valga la paradoja, pueden hacer que la hostia sea incluso peor.

Yo pa eso tengo a Franca, mi psicoanalista, y es genial.

Ayer le comentaba a mi “espejo vacío” que el dolor te obliga, de una manera muy perversa, a estar en el aquí y en el ahora. Cuando una persona tiene dolor, lo único que quiere es que le deje de doler, y os sorprendería la de tiempo inútil que se pierde dando vueltas alrededor de esta demanda imposible de satisfacer.

Esto no ocurre solo con el dolor físico, también con el dolor psíquico que no emocional... duele el alma, queridos Escorpiers; sentimos emocionalmente sus efectos, pero es realmente el alma la que grita.

No hace falta que estéis en la mierda para ir a un profesional, lo digo muchas veces. Aparte, cualquier persona que se dedique al trato humano con otros en su profesión considero que debería ir a supervisiones. Nos aseguramos así de que nuestro ego no rompa ninguna almita en la praxis.

Franca me hizo notar que mi relación con el dolor seguía un patrón tóxico a día de hoy. Llamemos “Pako” al dolor: cuando estoy con Pako, no quiero que nadie en público me vea ni señale mi relación con él; no la niego, pero la omito (como me hizo a mí mi última pareja), lo considero el principal responsable de mis lloros y mis alegrías, y claro, si Pako está conmigo... voy a ser solo suyo; nadie más vendrá a este rincón.

Hablar de Pako con él aquí, en el hombro, soplando en la orejita, es algo que nunca habría concebido. Hoy hasta me he animado a que mis alumnos me vean con la cara torcida, algo más lento de la cuenta y los parches de lidocaína, y no ha pasado nada más allá de alguna necesaria pausa.

Gracias por permitirme que hoy esté aquí como Xandro, la personita detrás de Psycodinámico.

He escrito este texto tras pasar un buen rato llorando y tras días tratando de desatar los nudos de seda que rodean mi garganta. Pero ya os digo que, a la vez, también estoy feliz; me siento desolado y también emocionado.

Esto es la preciosa humanidad con sus grises, sus contradicciones...

Pasa por entender que dolor y gozo son inseparables, que deben coexistir en equilibrio. Negar el propio dolor nos puede llevar a situaciones límite, así como sumergirnos en él sin contemplar otra salida.

Llora siempre que lo necesites, por favor.

Hace unos 10 años se cronificó mi condición. Me vino un dolor de cabeza que, a día presente, no se ha ido del todo. Hay algo que hace distinto a este dolor de cualquier otro que haya experimentado, y es que es frío, extremadamente frío, aparte de su intensidad tan variable. Empieza en la cabeza, pero su sensación acaba abarcando todo el cuerpo.

En aquel momento consideraba que estaba en la cresta de la ola personal y profesional. Perdí todo y acabé años después volviendo arruinado y enfermo a casa de mis padres.

Quizás en otra news os cuente la odisea de cómo acabé viviendo en un castillo en mitad de Euskal Herria y pudiendo reinventarme. Spoiler: no ha sido fácil y he contado con apoyo, por supuesto.

Miro atrás y observo el camino recorrido con angustia, felicidad, miedo, incertidumbre, ilusión, emoción... todo lo que soy ahora y dónde me hallo viene marcado por el resultado de lo vivido.

Tengo 40 años y vuelvo a tener por fin la sensación de estar en la cresta de la ola, haciendo de mi carrera y trabajo mi pasión, con los nuevos límites adquiridos y su respectivo aprendizaje.

Durante los últimos 3 años he ido modificando mi entorno para que mi bienestar ocupara el centro... o eso creía yo. Realmente no me puse yo en medio, puse a Pako.

Ya a día de hoy tengo que ser consciente de que Pako ha sido demasiado tiempo alrededor de lo que he girado.

Me dirijo a vosotros como un experimento. Me presento con Pako, que está muy demandante y me tiene reposando el 70% del día y bombardeando mi psique; está cabroncete últimamente, la verdad.

Es un vínculo que no podré borrar o negar por más que quiera; lo que puedo hacer es modificarlo cuando el que tengo ya no sirve, porque “Pako” va a acompañarme siempre, al menos de momento.

La duda es un lugar incómodo, pero es lo único que permite avanzar, ya que la certeza estanca.

El hecho de negarlo al principio me llevó por un duro aprendizaje, pero necesario para poder seguir luchando por lo que quería en mi vida. La aceptación posterior me ayudó a establecerme en torno a él, a mejorar mi calidad de vida.

Este período que se inicia quiero modificar la relación que tengo con él; mucho de ello pasa por ese juicio del Otro que comentaba la semana pasada. ¡Que ni los profesionales nos libramos de ello!

Pako hace que afloren mis miedos con progresiva intensidad, es una carrera de desgaste.

No es malo dudar de mí, ni de mi trabajo, ni de los vínculos que estoy construyendo, que tanto me emocionan a nivel personal y profesional. Lo lesivo sería tomar esa duda que surge como una certeza absoluta de lo que está ocurriendo ajeno a mí.

Como os he comentado, no solo podemos establecer la relación con el dolor físico; el dolor del alma es igualmente importante y se retroalimentan. El dolor físico crea dolor psíquico y el dolor psíquico crea dolor físico; luego adviene el sufrimiento.

¿A qué lobo vas a calmar?

No ames a tu dolor, joder. No le des gracias. Dátelas a ti, hostia.

Basta ya de tanta New Age y romanticismo de seres de luz, de agradecer el puto sufrimiento y lo que trae la vida. Es solo la otra polaridad de la negación.

Que nadie te diga que tu sufrimiento es por algo y que lo abraces... abrázate tú, que eres la persona que está en la senda, y cambia de terapia o/y de amigos.

¿Tú lo sientes así? OK, pero solo te corresponde a ti y tu espiritualidad.

En serio, ¿no hemos avanzado nada desde que la Iglesia dijo que la penitencia purifica el alma?

Las cosas pasan y punto. Lo que aprendamos de ellas es lo que cuenta, pero cada cual se regocija en la cochiquera que quiere.

Si el sufrimiento hiciera terapeutas, la Unidad del Dolor de Galdakao sería cuna de la Gestalt... pero no.

El dolor no te hace más sabio ni más humano, al igual que la salud no te hace un imbécil ni un desalmado.

Esto es un estúpido paternalismo que se da para con el que sufre por parte de una sociedad muy aprensiva que no empática.

La verdadera empatía solo ocurre cuando se ha vivido en las carnes lo mismo que la otra persona. Todo lo demás es moralismo y sus desviaciones.

Nuestra capacidad de aprender no se basa en cuánto sufrimos, sino en cuánto somos capaces de destilar de cada proceso vital, escueza más o menos.

Hoy no va a haber preguntas para autoexplorarse. Solo os animo a que observéis vuestra relación con Pako y analicéis el lugar que el dolor ocupa en vuestra vida.

Quiero daros las gracias por querer entrar en mi “casapuerta” y conocerme, y gracias sobre todo por acoger lo que comparto.

Cualquier experiencia o cosa que queráis comentarme podéis hacerlo como siempre.

Hoy, más que nunca, os mando un abrazo enorme, gente. Nos vemos en la senda.

Gracias por haber llegado hasta aquí y haberme permitido un día de furia.

Xandro, una personita más. Como tú.

Xandro, personita